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El cantante José José falleció a los 71 años de edad, la noticia fue confirmada por la periodista Mara Patricia Castañeda.

José Rómulo Sosa Ortiz, como era su nombre real, siempre dijo que quien lo enseñó a acoplarse a la industria musical fue Pedro Vargas.

Más de cincuenta años de carrera lo avalaron desde que inició tocando la guitarra, dando serenatas y presentándose en centros nocturnos. El nacido en la Ciudad de México vendió más de 120 millones de copias alrededor del mundo alcanzó la fama muy pronto, pero luego la fama lo alcanzó a él.

Tal vez la OTI y su interpretación de “El triste”, en 1970, le dieron una de las mayores alegrías en su vida ya que consiguió el tercer lugar. Pero tenía destinado el estrellato, siendo la década de los ochentas en la cual vería su mayor esplendor.

El reconocimiento le valió varias nominaciones a los premios Grammy y una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. Pero como todo lo bueno que le pasó, también vivió momentos de desesperanza con sus problemas de alcoholismo, tal como también vivió su padre, adicción que le causó graves problemas financieros. Cuando llegó al límite decidió internarse en el Centro de Rehabilitación y Universidad Heizelden en Minessota, Estados Unidos.

Pero su carrera no fue la misma. Las afecciones lo persiguieron una y otra vez, ya sea por la enfermedad de Lyme por cerca de nueve años, una parálisis facial o algunas caídas, una de ellas en el escenario en 2013.

“Desde niño fui enfermizo, nací muy chiquito y creyeron que no lo iba a lograr pero gracias a la leche materna es que pude sobrevivir aunque siempre con problemas de salud como la herencia pulmonar, amígdalas, entre otros”, recordó alguna vez.

Cada tanto debía ir a una revisión médica, pues le detectaron alergia a 22 elementos entre ellos el aire acondicionado. Para José José no fue nada fácil descubrir que había perdido su voz, esa misma que lo hizo alcanzar la gloria años atrás.

De pronto debía usar plantillas en los zapatos, oxígeno, un bastón, se hizo más flaco y se le dificultaba caminar. Una voz heredada por un tenor como lo fue su padre estaba ronca ahora. “He pasado por diversas circunstancias porque Dios así lo quiso, pero he encontrado la manera de seguir trabajando hasta que Dios diga, porque él tiene la última palabra”, conversaba quien a raíz de sus enfermedades vivía casi al día.

Con información de El Universal

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